PICA AQUÍ, PICA ALLÁ
PICA AQUÍ, PICA ALLÁ Pica aquí y pica allá… Dijo el filósofo callejero y desconocido que sin pedirle consejo se acercó al grupo de personas entre las que yo me encontraba. El empujaba un carro improvisado repleto de ollas y recipientes de hierro colado. Imagino, elaboradas por él mismo o qué sé yo… Pregonaba diversos diagnósticos mirando a cada uno de los que estábamos parados en esa esquina de sábado, recién salíamos de trabajar, frente a la fábrica. Parecía adivinar y reconocer nuestras personalidades con solo un vistazo, con nuestro aspecto. Fue una consulta general y fugaz que duró algunos segundos. Lo que le tomó llevar su mercancía de una esquina a otra sobre el rechinar de las ruedas de bicicleta adaptadas a un cajón de madera con un soporte metálico dentro. Al finalizar soltó una carcajada como si para él fuera un simple juego, y desapareció entre el bullicio de los automóviles y los transeúntes habituales del Ricaurte. Aquel grupo de personas, en el que yo era el ...